26 de enero de 2010

EL FIN ESTÁ CERCA



Aquí os dejamos un scan de un interesante artículo de la revista Newsweek, en el que nos hablan de la última temporada de 'Perdidos', analizando las implicaciones de la ciencia y la fe, y comparándola con una religión. Tras el salto está la transcripción traducida, y el scan completo.







Al principio, el vuelo 815 de Oceanic comenzó a sacudirse en algún lugar sobre el Índico. "Mi marido no deja de recordarme que los aviones quieren volar", dice Rose nerviosamente al pasajero sentado a su lado, un prestigioso cirujano llamado Jack Shepard. "Bien, parece un hombre inteligente", replica Jack. Momentos después, el 815 se parte en tres trozos, desperdigando su contenido por una isla. Veinte minutos dentro del piloto de "Lost", el mensaje estaba claro. Hay situaciones en las que los intelectuales de libro no son útiles, en que los empollones acaban con el huevo por sus caras. O, tomando una cita de la Biblia, "Al profesarse a ser sabios, terminan siendo locos". "Lost" constántemente alude a la Biblia: identidades de personajes (¡Shepard!), tramas, referencias explícitas a la escritura. Mientras los fans empiezan a especular sobre la temporada final de la serie, que se estrenará el 2 de febrero, harían bien en recordar que más que nada - y más que en cualquier otra serie de televisión - "Lost" es una serie sobre la fe. No es por nada que la foto promocional de esta temporada consiste en el cast en un retrato estilo a "La última cena".

Como género, la ciencia ficción en sí misma es una especie de religión, con fervientes creyentes, aquellos que desaparecen durante la Comic-Con y ponen "Jedi" en sus profiles de Facebook en el apartado de "creencias religiosas". "Lost" no es una excepción a este tipo de devoción. Ha generado una ferviente comunidad online - Lostpedia, una wiki obsesivamente detallada, contiene cerca de 60.000 artículos - y una subcultura literaria hiperbólica, con títulos como "The Myth of "Lost": Solving the Mysteries and Understanding the Wisdom".

Unos fans tan dedicados quieren una resolución satisfactoria añ final de esta sexta temporada, pero eso difícilmente parece posible para todos. Como las estrellas principales, el Dr. Shepard (Matthew Fox) y el fatalista John Locke (Terry O'Quinn), los espectadores de "Lost" entran en dos categorías, aquellos que se adhieren a la razón y aquellos que siguen su fe. Los literalistas de "Lost" creen que la serie es infalible, que no solo es una creciente y apasionante serie, sino que está escrita con santidad, inspirada divinamente, omniscientemente concebida, y absolutamente carente de errores. En otras palabras, los muchos cabos sueltos - el mosntruo de humo, los osos polares - deben ser resueltos. A los progresivos les gusta la serie, pero aceptan sus limitaciones. Saben que las series de televisión se adaptan, los actores se van o las actrices quedan embarazadas, los errores se recortan, los guionistas van a la huelga. Más que eso, saben que las ideas cambian, que algunas buenas ideas quedan huérfanas en favor de otras mejores, que "Lost" no debe ser perfecta para ser importante. A corto plazo, "Lost" ha ido más allá de ser sólo una serie sobre la fe para ser un meta-comentario de la fe.

Es una pena que el legado de "Lost" descanse demasiado en su habilidad para reconciliar las contradicciones, los hilos enrevesados y las preguntas de final abierto que esa enorme y ambiciosa mitología es capaz de crear. Es, sobre todo, una serie sobre las grandes preguntas que descansan en el corazón de la experiencia humana. ¿Somos especiales? ¿Hay un designio de lo que ocurre en nuestras vidas? ¿Qué significa todo eso? Los dioses del universo "Lost", Calton Cuse y Damon Lindelof, deberán responder a las preguntas que han creado cuando la historia acabe, del mismo modo en que preguntarían al creador universal cosas como, "¿Por qué les ocurren cosas malas a la gente buena?". Mejor que las respuestas no sean vagas. Si "Lost" intentase un no-final como el de "The Sopranos", Cuse y Lindelof deberían escapar a, digamos, una isla que no apareciese en los mapas. Pero cualquier final que ate los lazos de las tramas grandes y respete a los personajes satisfará a los progresivos de "Lost", aquellos que no están obsesionados con el significado de todo y la disfrutan por lo que es. "Lost" no es una metáfora de la fe, es una metáfora de la vida. Es más divertida cuando dejas de cuestionarte todo y la disfrutas.



Gracias a Llegaron para quedarse